Corfú, un refugio de mitos clásicos y literarios.



Tan pegada al continente que casi llega a disimular su condición de isla, Corfú es esmeralda y plata. Verde por las aguas que la rodean y argéntea por los centenarios olivos que tapizan su alargada silueta.


Un paraíso azul

Kérkira, el nombre griego de Corfú alude a la ninfa que Zeus raptó y que, al parecer, llevó a esta isla. En la fotografía, el monasterio de Vlacherna, a 4 kilómetros de la capital.
Foto: Danel Solabarrieta / Age Fotostock









La Fortezza

El fuerte veneciano domina la entrada al puerto de Kérkira. A sus pies se ve la iglesia de Agios Georgios, construida por los británicos en 1840 con el aspecto de un templo clásico. 
Foto: Anastasios71 
 
 
 
 
 



Kérkira

La torre de la iglesia de Agios Spyridonas se eleva en medio del centro antiguo de la capital de la isla.
Foto: Funkystock







 

Porto Timoni

Estas bahías gemelas han sido durante siglos un refugio para navegantes. Se accede a pie desde Afionas.




Porto Timoni

Estas bahías gemelas han sido durante siglos un refugio para navegantes. Se accede a pie desde Afionas.






Los templos de la isla

De apariencia robusta y sencilla, están situados en lugares con vistas preciosas. El monasterio de Paleokastritsa es uno de los más bellos.
Foto: Kristóf Korcsog






Las fiestas de Semana Santa

La Pascua corfiota tal vez sea la más fervorosa de Grecia. Innumerables procesiones se suceden casi sin interrupción y culminan el Viernes Santo, cuando se escenifica el Descendimiento de la cruz. Pero el momento de estallido de júbilo tiene lugar —siguiendo una tradición veneciana— el sábado cuando se anuncia la resurrección de Jesús lanzando vasijas de cerámica llenas de agua desde los balcones. El estruendo es sensacional. El domingo se celebra una comida familiar con cordero asado, pan dulce y huevos teñidos de rojo.
Foto: Stamatis Katapodis
 
 
 
 http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/viaje
 
 
 

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