Mi espalda blanca
detiene los relojes,
estos pesares
de amores calcinados.
*
Pocos me han desnudado.
*
Al frente
un reloj impiadoso,
esas cuerdas
pernotan en mi almohada.
*
Habitaciones, libros, cafés,
excusas en floreros, cuadros,
y la música de labios impalpables.
*
Bajo la neblina
una primavera enloquece
descocidos amores.
*
Sin rostros, sin nombres,
sin labios, padecen incrédulos
ante la punta de mí.
*
Voy cubierta
hasta la nariz,
noches deshabitadas
de sueños párvulos.
*
No amaron
este cuerpo cansado,
viajare sin aprender
el divino verbo.
*
No eras lo que creías
nadie desnudo este cuerpo.
Elena Demitrópulos

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