Tierra caliente,
teñida de ceibos,
pintas de hollín,
las ropas.
Invita el tiempo
a la vieja casona,
de galerías altas.
Frescos olores,
mangos y chirimoyas.
La infancia se esconde
en un puñado,
de lápices y temperas.
Un portafolio,
sobre la repisa vieja,
desvanecidos en un baúl
duermen los cuentos
de grandes astucias,
la de dioses de mar adentro,
y sirenas astutas.
Desmenuzada,
la infancia,
ante lo forjado.
Incierta respuesta
la de aquellos días,
retazos de mi vida,
la de mi infancia dormida.
Elena Demitrópulos .
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