El disfraz.




Me estallan antojos arcanos en esta vigilia
aledaña la poquedad,
acopio de besos benignos,
atemperados sin rostro.
 
Silente en el olvido
de quien me prometiese;
un cielo nirvana.
 
Obligada madrugada,
por rozar mí entrepierna,
desatinado el cometido
por desarticular esta lasitud silenciosa.
 
Ávida de espejismos unicornios.
Aquí clandestina,
sin rumbo al viento,
cesada en tono resina.
 
Despeñó insalvable este cielo,
de tanto esperar,
desiste al castigo,
en la pequeñez de mis manos,
ellas ofrendaron bondades.
 
Gritar…
con mi torso al descubierto,
mis sentidos furtivos.
 
Persistí con las silabas entrecortadas,
un adjetivo y centenas de sinónimos,
por  explotar,
en mi lengua seca.
 
Tanto vagar,
Merodeando, cual es la cama,
dónde alcance sosegar la quietud
la sequía sedimentada,
y tu indolencia capciosa.
 
Válgame el disfraz,
recóndito en tanta hombría ¡
 
 
 
Elena Demitrópulos 

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