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Partir
al infinito cósmico,
allí
levitan las entrañas afligidas,
entre
crujientes arpas desafinadas.
Partir
con prisa,
muere
indolente… vaciado el amor.
Aquí
no estamos solos,
como
las estrellas somos infinitos,
al
sonido del inquilino desamor.
Un
rezo interno conspira;
intercede
ante la divinidad insurrecta del adiós.
Perderse
al sur de su norte, en las manos de Sagita,
hipnóticos
en la mansedumbre del oscuro cielo,
cubriendo
la despellejada ruina del ocaso.
Aquí
hablamos el mismo idioma, suave, duro y tosco.
Tucana,
abraza al fuego de los sentidos,
áridos
de tanta lágrima.
Esta
replica constante donde mueren los mortales,
huérfanos
de sus vestiduras,
aun
reverberando con una pila de huesos.
Me
libero en lo abstracto,
cargando
mi corazón desmenuzado.
He muerto para vos ¡
Elena Demitrópulos.
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